El polifacético y prolífico artista, «Flores, el gaditano», ha demostrado a lo largo y ancho de su dilatadísima carrera, dominar con maestría un buen abanico de artes distintas y variopintas, como son el flamenco – en el que ha cantado todos lo spalos, algunos de ellos muy poco cultivados como la caña o la jabera, rescatando cantes que se encontraban en peligro de extinción – la poesía, que es un don natural en su caso, pues ya con apenas 14 años escribió un poemario preciso y precioso que llevó por título «Versos y ráfagas», el relato, el chascarrillo, el chiste, el cuento, el dibujo, y por supuesto la novela, donde ha demostrado en géneros muy diversos su habilidad y su soltura como narrador, desde la novela del Oeste con su famoso «Otro Willy», pasando por la novela social con gran catadura moral como es el caso de «Un afeminado singular» donde aborda el asunto de la homosexualidad desde un punto de vista original y transgresor o la novela de temática religiosa y de fe como es el excepcional caso de «El enviado de Jesucristo» que tiene el gran acierto de analizar si en nuestra sociedad actual tecnificada y moderna habría cabida para recibir a un mensajero de Cristo.

